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viernes, 25 de marzo de 2016

Esta es mi historia

“Alguien me habló un día que para Dios no hay nada imposible, que Él quería darme vida y vida en abundancia.  

Hace aproximadamente 15 años me infecte de VIH. Decidí colocar mi confianza en Dios para seguir adelante y romper así con la tristeza y la culpa. Él me dio las ganas para vivir demostrándose su amor por medio de personas que rodeaban mi vida. Por ejemplo, mi familia que es conocedora de esta realidad y son un respaldo y apoyo, como también personas que son fuente de motivación para mí. Dejé de pensar en la muerte y comencé a darle sentido a mi vida.

Al principio, fue una noticia devastadora la cual nunca esperaba o me rondaba en la cabeza, tal vez porque pensaba que eso les pasaba a otras personas. Tenía 19 años cuando me infecté. No sabía cómo iba a afrontar tal suceso en mi vida, me sentía muy culpable; me alejé de la gente, estaba desesperado y en lo único que tenía en mi mente era la muerte inminente sin haber hecho tantas cosas. He conocido gente que apenas recibe el diagnóstico, la muerte los sorprende prontamente y he visto a muchas personas ser discriminadas y juzgadas por tener esta condición. Yo también he tenido que vivir los cuestionamientos de gente que desconoce lo referente a esta enfermedad. Tuve que entender lo que estaba viviendo por el VIH. Se trata de una infección que afecta el sistema inmunológico, dejándolo sin defensas ante diferentes enfermedades que lentamente y letalmente, terminarían con mi vida por algo llamado Sida, que es una fase donde se presentan los síntomas y se manifiestan diferentes enfermedades de esta infección. Tuve muchas dificultades en el acceso y cobertura en el sistema de salud pero me pude asesorar para estar vinculado y recibir la atención necesaria.

Actualmente estoy bajo tratamiento y recibo medicamentos antiretrovirales mes a mes que debo tomar todos los días; estos componentes frenan el proceso de multiplicación del virus. Este tipo de tratamiento me permite estar estable. Sin embargo, he tenido algunas dificultades por las medicaciones que han generado reacciones alérgicas a lo largo de este proceso. He seguido las recomendaciones médicas para adaptarme a la medicación complementándola con una buena nutrición y en estos momentos me encuentro con muy buenas defensas para contrarrestar los efectos del virus, el cual se encuentra en nivel indetectable.


Recuerdo aquel día que leyendo la Biblia, esperando respuesta a mi necesidad, encontré este claro mensaje que acogí para mí: ¡No moriré, sino que he de vivir para contar lo que el Señor ha hecho! (Salmo 118, 17). Esto apenas es el comienzo de muchas cosas por hacer, decidí creer en el mensaje de Dios quien llenó mi vida y me permitió resurgir ofreciéndome la posibilidad de brindar esperanza a las demás personas. Me preparé, pude estudiar una carrera y ahora espero ofrecer aquello que algún día alguien me presentó: el amor de Dios dándole esperanza a mi vida”.